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Preparación para el Arrebatamiento
y el Conflicto Final

Capítulo 4
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Capítulo 4
Si Somos salvos por la Fe, y no por la ley, ¿podemos
guardar la ley de Dios?
Comencemos haciendo la siguiente pregunta: ¿Porqué fue dada la
ley?, veamos: " ¿Qué
pues diremos? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Empero yo no
conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la
concupiscencia, si la ley no dijera: No codiciarás." Rom. 7:7.
La Biblia dice que la ley no es pecado en ninguna manera.
Dice que por la ley conocemos lo que es pecado. Así que la Biblia
nos explica, nos enseña, que el pecado es transgresión de la ley,
que el pecado es desobediencia a la ley de Dios. Entonces por la ley,
conocemos lo que es pecado y por la ley sabemos que el pecado es
transgresión o desobediencia a la ley de Dios (1 Juan 3:4).
Algunos dicen que la ley entró por primera vez cuando Dios se la
dio a Moisés en el Sinaí. Esto equivaldría a decir que la ley
entró después del pecado y esto no es posible, porque la Biblia
dice que sin ley, no puede haber transgresión (pecado). Por ejemplo,
si un policía le da un boleto a una persona por infracción de
tránsito al cruzar una luz roja, sin haber una ley que lo prohíba,
el boleto no tendría ninguna fuerza de la ley. Ningún juez podría
dictar sentencia sin una ley que prohíba el cruzar la luz de
tránsito cuando está roja. No se puede violar una ley que no
existe. Si decimos que la ley de Dios fue dada en el Sinaí
entonces Adán y Eva no pecaron, porque no existía la ley por la
cual se pudiera conocer el pecado, porque no existía una ley que se
pudiera desobedecer.
SI NO HAY LEY, NO HAY PECADO
No se puede culpar a la ley de Dios por el pecado. La ley es
perfecta. Adán y Eva se hicieron culpables porque desobedecieron la
ley de Dios. Si Adán y Eva pecaron, fue porque había una ley,
había mandatos que se debían obedecer. Si la ley sólo fue dada en
el Sinaí, entonces Caín no pecó al matar a Abel, pues no existía
una ley que condenara el matar. Por lo tanto, sin la ley no puede
haber entrado el pecado. Es obvio que había una ley cuando Dios
creó a Adán y Eva. Todos sabemos también que Adán y Eva pecaron
teniendo carne santificada, con mente santificada. Ellos no
podían declarar como el Apóstol Pablo:
"¡Miserable hombre de mí! ¿Quién me librará del cuerpo
de esta muerte?." Rom. 7:24.
¿Podían Adán y Eva antes de la
caída declarar como el Apóstol Pablo?: "Mas
veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley
de mi espíritu, y que me lleva cautivo a ley del pecado que
está en mis miembros." Rom. 7:23.
¡Claro que no! Pecaron porque decidieron hacerlo, porque tenían el
libre albedrío para obedecer o desobedecer a Dios.
EN EL CIELO EXISTÍA LA LEY DE DIOS
Pero, podemos remontarnos aún más en el pasado, antes de
la creación del hombre. En el cielo existía la ley de Dios, pues
Lucifer la violó y por esto fue expulsado: " A
causa de la multitud de tu contratación fuiste lleno de iniquidad,
y pecaste; por los que yo te eché del monte de Dios, y
te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín cubridor."
Ez. 28:16. ¿Pecó Lucifer
porque tenía carne y mente de pecado? ¿Pecó Lucifer porque tenía
carne y mente pecaminosa? ¡Claro que no! Pecó porque decidió
hacerlo. Porque tenía libre albedrío para obedecer o desobedecer.
Lucifer no tenía carne y mente pecaminosa antes de pecar.
Entonces, si no tenía carne y mentepecaminosa, ¿por qué pecó?
La culpa entonces, no fue porque tenía la ley de los miembros de
que habla el apóstol Pablo, que lo llevaba a la ley del pecado.
Se han presentado argumentos bíblicos que claramente demuestran
que sin ley no puede haber pecado. Se ha presentado la definición
bíblica del pecado. Hemos visto que el pecado es transgresión o
desobediencia a la ley de Dios. Se han presentado argumentos
bíblicos de que tanto Lucifer como Adán y Eva pecaron y, por lo
tanto, violaron la ley de Dios, pues sin ley no puede haber
pecado. Además, se han presentado argumentos bíblicos que
tanto Lucifer como Adán y Eva, pecaron sin tener carne y mente
pecaminosa, pecaron con cuerpos y mentes perfectas. Pecaron
con carne y mentes santificadas. Concluimos entonces, que la
carne santificada y la mente santificada no son salvoconductos, o
mecanismos de protección para evitar el pecado; pues ya está
probado que los que poseían tanto la carnecomo la mentesantificada,
pecaron desde Lucifer hasta Adán y Eva.
Si Cristo vino a este mundo como Dios para probar que se podía
guardar la ley, entonces no hizo nada, ya que todos sabemos que Dios
puede guardar su ley. Pero, si vino a este mundo como un ser humano,
y como un ser humano después de la caída de Adán, con
carne de pecado, pero sin pecado, entonces vivió como tú y yo
podemos vivir, demostrando verdaderamente que su ley es Santa, Justa
y Buena. Mostrándonos, además, que Él exige obediencia, porque da
también todo el poder para obedecer: "... Al
que cree todo es posible." Mar. 9:23.
Con frecuencia se escucha a personas decir que la ley de los
miembros de carne de pecado, que está en nuestros miembros, es la
razón por la cual ningún hombre puede guardar la ley de Dios. Si
asumimos que este argumento es correcto, tendríamos que decir que
no sólo los que tenemos carne de pecado, la ley de los miembros de
carne de pecado, no podemos guardar la ley de Dios, sino que los que
no la tenían, (los que tenían carne y mente santificada) tampoco
la podían guardar.
Entonces tenemos que preguntarnos: ¿Quién puede guardar la ley
de Dios? Muchos dicen que sólo Cristo pudo hacerlo. Si sólo Cristo
pudo guardar la ley, ¿por qué los ángeles que nunca han pecado en
el cielo la guardan y no pecan? ¿Por qué los ángeles que
no pecaron han guardado hasta ahora la ley de Dios? ¿Por qué los
ángeles que nunca pecaron tienen poder para obedecer la ley? Si
decimos que es porque son superiores a nosotros, el argumento se cae
rápidamente cuando analizamos que Lucifer, según la Biblia fue el
ser más perfecto, un ser mucho más superior en poder e
inteligencia que los ángeles que hasta el día de hoy no han pecado,
y sin embargo, pecó.
Son muchos los que olvidan que la ley no sólo tiene el
propósito de dar a conocer el pecado, sino de llevarnos al que
tiene la solución del pecado. El apóstol Pablo nos dice:
LA LEY ESTÁ "EN LA MANO DE UN MEDIADOR"
"¿Pues de qué sirve la ley? Fue puesta por causa de las
rebeliones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la
promesa, ordenada aquella por los ángeles en la mano de un mediador.
Y el mediador no es de uno, pero Dios es uno. ¿Luego la ley
es contra las promesas de Dios? En ninguna manera. Porque si la ley
dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley."
Gál. 3:19-21.
Las Escrituras nos hablan de la ley en "la mano de un
Mediador", de Cristo nuestro Mediador. Gloria a Dios. La
ley en las manos de un pecador, trae condenación, pero en las manos
del Cristo Mediador, nos trae vida. Porque la ley en las manos de un
Mediador, envía al Consolador para ayudarnos y fortalecernos
para guardar y obedecer la ley. Veamos lo que dice la Escritura:
"Si me amais, guardad mis mandamientos; Y yo rogaré al
Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con
vosotros para siempre. Al Espíritu de verdad, al cual el mundo
no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; mas vosotros le
conocéis, porque está con vosotros y será en vosotros."
Juan 14:15-17.
No somos nosotros, los seres humanos quienes decimos que los
que guardan los mandamientos, reciben el Consolador. Es Dios en
Su Palabra.
Jesús dijo: " Si
guardáreis mis mandamientos, estaréis en mi amor; como yo
también he guardado los mandamientos de mi Padre, y estoy en su
amor." Juan 15:10.
El mismo Jesús dijo que si guardamos sus mandamientos estaremos
en su amor, así como el guardó los mandamientos y estaba en
el amor del Padre. Gloria a Dios. Es cierto, que nosotros no
tenemos poder para guardar la ley de Dios, pero en las manos de un
Mediador, sí la podemos guardar.
¿Por qué la podemos guardar en Cristo y por Cristo? Porque Él
vino a condenar el pecado en la carne de pecado y demostrar que
ahora con el poder de Dios en y con nosotros podemos guardar
la ley de Dios. No estamos condenados por guardar la ley con y
por los méritos de Cristo, porque la ley no puede condenar al
que anda en y por el Espíritu Santo, no puede condenar a los
que andan con, en, y por el Espíritu mortificando las obras de
la carne, por eso la Escritura dice:
"Porque si viviéreis conforme a la carne, moriréis; mas si
por el Espíritu mortificáis las obras de la carne, viviréis."
Rom. 8:13.
El mismo Apóstol que dice en Rom. 7:23 que el ve una
" ley en mis miembros, que
se rebela contra la ley de mi espíritu, y que me lleva cautivo a la
ley del pecado que está en mis miembros", también
dice:
"Empero antes que viniese la fe, estábamos guardados bajo
la ley, encerrados para aquella fe que había de ser descubierta. De
manera que la ley nuestro ayo fue para llevarnos a Cristo, para
que fuésemos justificados por la fe. Mas venida la fe, ya no
estamos bajo ayo; Porque todos sois hijos de Dios por la fe en
Cristo Jesús." Gál. 3:23-26.
Entonces la ley tiene también el propósito de llevarnos al que
tiene todo el poder del universo; al que nos puede salvar por la fe
de Jesús. Existe mucha literatura que presenta argumentos nobíblicos
para decir que no podemos guardar la ley de Dios porque tenemos una
carne de pecado. Pero Cristo ha demostrado que con carne de
pecado, se puede vivir sin pecar.
Por la Palabra podemos comprender que somos salvos por la fe, sin
las obras de la ley. Por la Palabra de Dios también sabemos que los
que son salvos por la fe de Jesús pueden en Cristo y por
Cristo guardar la ley. El apóstol Pablo presenta con igual
fuerza la importancia de la fe y el hecho de que la fe no cancela o
anula la ley. Las siguientes palabras resumen en una forma muy
balanceada estas verdades bíblicas:
"Así que, concluimos ser el hombre justificado por fe,
sin las obras de la ley...¿Luego deshacemos la ley por la fe?
En ninguna manera, antes establecemos la ley." Rom. 3:28, 31.
"Ningún hombre puede presentar correctamente la ley de Dios
sin el Evangelio, ni el evangelio sin la ley. La ley es el
Evangelio sintetizado, y el Evangelio es la ley desarrollada. La
ley es la raíz, el Evangelio su fragante flor y fruto." PVGM
pág. 99.
Meditemos en las siguientes expresiones:
1. Somos salvos por la fe.
2. No somos salvos por la obras de la ley. Somos salvos por
la fe de Jesús.
3. La Biblia define al pecado como transgresión de la Ley de
Dios.
4. El hombre en su estado pecaminoso no posee ni tiene
ningún poder para guardar la ley de Dios. No la puede guardar
por sus propios esfuerzos.
5. El propósito de la ley es dar a conocer el pecado.
6. El propósito de la ley es llevarnos a Cristo.
7. La ley es Santa, Justa y Buena.
8. La ley de Dios –los diez mandamientos– no fue clavada
en la cruz. No fue abolida.
9. El único que podía pagar la deuda contraída por el
pecado era Cristo.
10. La ley no sólo juzga nuestros actos externos, sino
también los pensamientos, y hasta nuestros motivos.
11. Todos nosotros dependemos total y completamente de Cristo
y su Justicia para obtener su salvación. La salvación del
hombre no depende de ningún mérito humano. La salvación del
hombre depende total y completamente de la justicia y los
méritos de Cristo.
12. La perfecta obediencia y Justicia de Cristo nos es
imputada gratuitamente a todos los que aceptamos a Jesús como
Salvador personal.
13. La Fe es un don de Dios.
14. Cristo vino a este mundo para probar que el hombre como
Dios lo creó podía guardar la ley de Dios. Pero fue aún más
lejos, probó también que el hombre en carne de pecado,
dependiendo de Cristo en todo momento, puede guardar Su ley.
15. Cristo demostró en carne de pecado, pero sin pecado, que
el hombre aún con carne de pecado puede guardar la ley de Dios,
pero sólo por los méritos, por el poder y por la justicia
impartida diariamente a través del Espíritu Santo.
16. Cristo vino a probar falso el argumento de Satanás de
que nadie puede guardar su ley.
17. La Biblia habla de la perfección de carácter a la misma
imagen de Jesús, no de la perfección de la carne. Esta carne
no será perfecta hasta que Cristo venga. Pero el carácter
deberá ser perfecto en Cristo Jesús.
18. La carne santificada en esta tierra es una herejía, pero
el carácter santificado es una verdad de Dios.
19. La justicia de Cristo no es sólo imputada, sino también
impartida diariamente.
20. La ley no se guarda para salvarse, sino porque ya estamos
salvos en Cristo Jesús.
21. La Gracia de Dios es un don gratuito que no se gana por
ningún mérito humano, sino que se otorga como regalo de Dios,
por los méritos de Cristo.
22. El que ha aceptado a Cristo como su Salvador personal,
debe permanecer en Cristo para permanecer en la salvación
otorgada por Gracia, así como Cristo permaneció en el Padre.
23. Cristo no sólo tiene poder para perdonar pecados, sino
para quitar pecados.
24. No se puede ser bueno para ser salvo, hay que ser salvo
para ser bueno y se es salvo en y por Cristo Jesús.
25. ¡Cristo Viene Ya!, para llevarse no sólo a los
millones que a través de las edades han muerto en el Señor,
sino también a una generación viva que habrá demostrado
mediante el poder de Dios que se puede obtener perfección de
carácter, antes de poder recibir perfección de la carne en su
venida, porque sin santidad nadie verá al Señor.
26. Nadie que se acerque cada día más a Cristo podrá
declarar que ha obtenido la perfección de carácter, sólo
Cristo. El que diga que es perfecto, está presumiendo y la
presunción es pecado.
27. Tendremos que decir que hemos sido pecadores, pero no
tenemos que estar pecando o practicando el pecado. Si no tenemos
que estar pecando como la Biblia dice, es porque Dios nos
capacita para vivir como el vivió, porque el venció y sus
victorias son también nuestras victorias. Su obediencia es
también nuestra obediencia.
28. Toda persona que haya aceptado a Jesús como su Salvador
personal y muera en Cristo Jesús, el Carácter de Cristo, que
le fue imputado, será más que suficiente para su salvación.
29. Todo aquel que cree que todo es posible, como dice la
Escritura, reclamando todas las promesas de Dios en obediencia,
no presumirá que ha dejado de pecar, pero con el poder de Dios
obtendrá, no la perfección de la carne en esta vida, sino la
perfección de carácter. Probará por medio de Cristo a través
del Espíritu Santo, en esta última generación, que cuando la
Biblia dice que podemos guardar los mandamientos de Dios con el
poder de Dios, esto es una verdad bíblica como cualquier otra
verdad de la Palabra de Dios, quedando el Nombre de Dios
vindicado de que Su Palabra es verdad.
30. Enoc fue un pecador, pero obtuvo la perfección de
carácter, no de la carne, y por eso fue arrebatado SIN
VER LA MUERTE. Lo obtuvo, no por sus propios méritos o por
su propio poder. Lo obtuvo porque en Cristo todo se puede. Fue
arrebatado aún sin Cristo haber muerto y resucitado. Fue
arrebatado porque por fe aceptó los méritos y el poder que lo
acompaña aún cuando el simbolismo todavía no era una realidad
31. Elías fue un pecador, pero obtuvo la perfección de
carácter, no de la carne, y por eso fue arrebatado SIN VER
LA MUERTE. Lo obtuvo, no por sus propios méritos, o por su
propio poder. Lo obtuvo porque en Cristo todo se puede. Fue
arrebatado aún sin Cristo haber muerto y resucitado. Fue
trasladado porque por fe aceptó los méritos y el poder que lo
acompaña aún cuando el simbolismo todavía no era una realidad.
32. Estos dos seres humanos, pecadores, caminaron tan cerca
con Dios, que permanecieron total y completamente en Cristo,
cumpliendo la Escritura que dice: " Cualquiera
que permanece en él, no peca..." 1 Juan 3:6.
33. La última generación que viva sobre la tierra
comprenderá el significado de la oración que Cristo nos enseñó:
" Y no nos dejes caer en
tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el
poder, y la gloria, por todos los siglos, Amén." Mateo
6:13.
34. En la última generación, que va a ser arrebatada sin ver
la muerte, se cumplirán las Palabras de la Escritura que dice:
" Aquí esta la paciencia
de los santos, aquí están los que guardan los mandamientos de
Dios y la fe de Jesús." Apoc. 14:12.
35. Habiendo obtenido la victoria en Cristo Jesús, habiendo
sido sus templos purificados por el Espíritu Santo, se sentarán
en el trono con Cristo como dice la Escritura: " Al
que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono; así
como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono."
Apoc. 3:21. Amén.
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