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"the pope has some bad news: Only Rome has a direct line to God" Time Sept. 5, 2000

"El papa Juan Pablo II…tiene malas noticias: Solo Roma tiene una linea directa 
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Time Sept. 5, 2000

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Preparación para el Arrebatamiento
y el Conflicto Final

Sobre el Autor:
Julián Cano Rave

 

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 5

Un ESPÍRITU NUEVO en una VIEJA CARNE

 

Cristo es Dios. La naturaleza divina de Cristo no fue creada, porque como Dios que es, ha existido y existirá para siempre. Sin embargo, la naturaleza divina de Cristo fue vestida con nuestra naturaleza humana. Esta naturaleza, (la humana) fue creada (Heb. 2:7,14 - MR6, pág. 111). Cristo vino a mostrar al hombre cómo vivir continuamente en nuestra naturaleza humana dependiendo de Cristo, como Cristo dependió de su Padre al vestirse con nuestra naturaleza humana. Por eso las Escrituras dicen:

"Respondió entonces Jesús, y díjoles: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada de sí mismo, sino lo que viere hacer al Padre; porque todo lo que él hace, esto también hace el Hijo juntamente...No puedo yo de mí mismo hacer nada. Como oigo, juzgo; y mi juicio es justo; porque no busco mi voluntad, mas la voluntad del que me envió, del Padre." Juan 5: 19,30.

Cuando Cristo dice "No puedo yo de mi mismo hacer nada", no quiere decir que Cristo en su naturaleza divina no puede hacer nada. Como Dios El puede hacer todo. Pero las Escrituras nos dicen que Cristo descendió del cielo, no para hacer la voluntad de Él, sino la de su Padre: "Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, mas la voluntad del que me envió." Juan 6:38. Por lo tanto, Cristo fue hecho idóneo en su naturaleza humana para el conflicto con Satanás, mediante la permanencia del Espíritu Santo en Él. Así también el hombre es hecho idóneo para el conflicto con Satanás por la permanencia del Espíritu Santo a través de Cristo. Es mediante la permanencia del Espíritu Santo que se cumple la Palabra de Dios cuando dice:

"Estad en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto de sí mismo, si no estuviere en la vid; así ni vosotros, si no estuviereis en mí." Juan 15:4.

"Yo en ellos, y tú en mí, para que sean consumadamente una cosa; y que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado, como también a mí me has amado." Juan 17:23.

Siendo "Consumadamente una cosa" con Cristo, podemos andar de victoria en victoria, a pesar de las pruebas y a pesar de nuestra naturaleza humana. Si somos "consumadamente una cosa" con Cristo, entonces somos hechos idóneos para el conflicto con Satanás mediante el Espíritu Santo. De esta forma andamos no de susto en susto, o de caída en caída, sino de poder en poder, de fe en fe, obteniendo la victoria sobre toda tentación aún estando en naturaleza humana caída, pero vestida de naturaleza divina. Estar vestidos con la naturaleza divina, es estar vestidos con la Justicia de Cristo y estar vestidos con la Justicia de Cristo, somos no solamente justificados, sino también santificados por los méritos y el poder de Cristo. Los que andan en la carne, en vez de por el Espíritu, con frecuencia se desalientan de tal manera que abandonan el Evangelio de Jesucristo. El cristiano tiene que entender que para andar como Él anduvo, hay que andar en la abundancia de la Gracia (Rom. 5:17), pues la Gracia solo es multiplicada en el conocimiento de Dios (2 Pedro 1: 2), descubriendo la justicia de Cristo de Fe en Fe, (Rom. 1:17), pues ésta (la fe), está fundamentada en el poder de Dios (1 Cor. 2:5), creciendo de Gloria en Gloria (2 Cor. 3:18), de Victoria en Victoria, triunfando siempre en Cristo Jesús (2 Cor. 2:14). Sin embargo, no podemos hacer esto, ni honrar a Dios, a no ser que tengamos un conocimiento de Su Carácter, Gobierno y Propósitos Divinos. Este conocimiento de Dios, se obtiene sólo a través de su Palabra.

En adición, la Biblia, la Palabra de Dios, es el único libro en el universo que necesita de la oración previa a su lectura, que necesita de la humildad del lector y de su deseo de aprender la verdad de Dios en Su Palabra. El lector necesita primero orar al Padre, en el Nombre de Jesucristo, para que el Espíritu Santo lo lleve a toda verdad a través de la Palabra de Dios. Este principio es vital para poder llegar al conocimiento de Dios a través de Su Palabra.

CONOCER A DIOS ES VIDA ETERNA

No podemos honrarle ni obedecerle, sin conocerle. No podemos entender lo que significa participar o estar vestidos de la naturaleza divina (2 Pedro 1:4), en una naturaleza humana, si no conocemos y comprendemos lo que significa el carácter de Cristo. Los pensamientos de Cristo combinados con Sus sentimientos de amor forman el carácter de Cristo. Estos pensamientos y amor de Dios están revelados perfectamente en Su Ley, las diez palabras. Por eso es que el que guarda la Palabra de la paciencia de Dios, será guardado de la hora de la tentación que ha de venir sobre todo el mundo (Apoc. 3:10). Cuando el hombre acepta a Jesús como su Salvador personal, acepta obtener gratuitamente la mente de Cristo. Acepta conocer y aceptar el pensamiento (mente) de Cristo, expresado en Su Palabra: "¿Porque quién conoció la mente del Señor? ¿quién le instruyó? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo." 1 Cor. 2:16. No podemos estar vestidos del carácter de Cristo o andar en el Espíritu sin entender Su carácter. Este (Su carácter) debe ser entendido antes que los hombres puedan amarle, o seguirlo, o ver la cruz con los ojos de la fe. La Palabra de Dios dice:

"Esta empero es la vida eterna, que te conozcan el sólo Dios verdadero, y a Jesucristo, al cual has enviado." Juan 17:3.

"Pablo vio que el carácter de Cristo debía ser entendido antes que los hombres pudieran amarle, o ver la cruz con los ojos de la FE. Aquí debe comenzar ese estudio que será la ciencia y el canto de los redimidos por toda la eternidad. Solamente a la luz de la cruz puede estimarse el valor del alma humana." HA pág. 221.

Entonces, la vida eterna es conocer a Dios. La única forma de confiar en una persona es conociéndola. La única forma de confiar en Dios, es conociéndole. La Palabra de Dios dice:"...Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo...Bendito el varón que se fía en Jehová, y cuya confianza es Jehová." Jerem. 17:5, 7. Por lo tanto, es sumamente importante y esencial que no confiemos en el hombre, sino en Dios. Pero, para confiar en Dios, hay que conocerlo, y aprendemos a conocerlo y confiar o tener fe en Él, por medio del oír y leer de Su Palabra (Rom. 10:17).

LA FE VIENE Y CRECE POR EL OIR DE LA
PALABRA DE DIOS

"Luego la fe es por el oír, y el oír por la palabra de Dios."
Rom. 10:17.

"Por lo cual también nosotros, desde el día en que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad, en toda sabiduría y espiritual inteligencia." Col. 1:9.

Es vital entender que para poder andar permanentemente con Dios, en y con el Espíritu de Dios, debemos conocer suficientemente de él. Podemos conocer suficiente de Él (Cristo), como para aceptarlo inicialmente, pero debemos conocer mucho más de Él, debemos perseverar para permanecer continuamente en y con Cristo. Entonces tendremos confianza cuando El apareciere y no seremos confundidos en su venida (1 Juan 2: 28). Para lograr permanecer con Él, necesitamos hacer dos cosas:

1. Conocer suficientemente de Él como para aceptarlo inicialmente. Este conocimiento viene por el oír, y el oír de la Palabra de Dios (Rom. 10:17). Si la fe viene por el oír de la Palabra de Dios, entonces la Palabra de Dios se convierte en la fe que creemos. De esta manera la fe es la Palabra de Dios. Dios nos llama y nosotros respondemos a ese llamado. Aquí está lo único que el hombre puede hacer, que Dios no puede hacer. La respuesta a ese llamado es voluntaria. Dios nunca fuerza la voluntad de ninguna persona, pues es contrario a su carácter y principios de amor. Dios toca la puerta de tu corazón, pero no fuerza nunca su entrada. Todo aquel que desee el cielo, debe de abrir la puerta en respuesta al llamado de Dios:

"He aquí, yo estoy a la puerta y llamo. Si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo." Apoc. 3:20.

2. Continuar oyendo la Palabra de Dios. Si la fe viene por el oír de la Palabra de Dios, es importante continuar oyendo la Palabra de Dios (la fe), para crecer en la Palabra, para crecer en la fe. Por lo tanto, es necesario oir continuamente la Palabra para permanecer en la fe.

La Palabra de Dios dice que recibimos el Espíritu por el oír de la fe (Gál. 3:2). Si inicialmente recibimos el Espíritu por el oír de la fe (oír de la Palabra), entonces es necesario oír continuamente la fe para permanecer en la Palabra y por lo tanto en el Espíritu, pues el que tiene la Palabra, tiene el Espíritu de Dios. Recordemos siempre que no permanecemos en la fe por las obras, sino por el oír de la fe, el oír de Su Palabra:

"Esto sólo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír de la fe? ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora os perfeccionáis por la carne?." Gál. 3:2-3.

Por la Biblia entendemos que el que está en la Palabra, está en el Espíritu y el que permanece en la Palabra, permanece en el Espíritu:

"Si estuviereis en mí, y mis palabrasestuvieren en vosotros, pedid todo lo que quisiereis, y os será hecho." Juan 15:7.

"Cuando aprendamos a conocer el poder de su Palabra, no seguiremos las sugestiones de Satanás para obtener alimento o salvarnos la vida. Lo único que preguntaremos será: ¿Cuál es la orden de Dios, y cuál es su promesa? Conociéndolas, obedeceremos la primera y confiaremos en la segunda." DTG pág. 97.

Así que repetimos de nuevo: Cristo en su naturaleza humana "fue hecho idóneo para el conflicto" con Satanás "mediante la permanencia del Espíritu Santo en él." (DTG pág. 98-99). Así también el hombre en su naturaleza humana es hecho idóneo para el conflicto con Satanás por la permanencia del Espíritu Santo en nosotros a través de Cristo. Por esto es que la conversión no trae una nueva carne en un viejo espíritu, sino un nuevo Espíritu en una vieja carne. La conversión no trae una nueva carne en una mente vieja sino una mente nueva en una vieja carne.

"Él (Cristo) no consintió en pecar. Ni siquiera por un pensamiento cedió a la tentación. Así también podemos hacer nosotros. La humanidad de Cristo estaba unida con la divinidad." DTG., 98.

¿Un nuevo Espíritu en una vieja carne? ¿Cuál es el nuevo Espíritu? El Espíritu de Dios: "Mas vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de él...Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó a Cristo Jesús de los muertos, vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros." Rom. 8:9, 11.

"En el cual, compaginado todo el edificio, va creciendo para ser un templo santo en el Señor." Efes. 2:21. ¿Por qué? Porque tenemos la mente de Cristo:"...Mas nosotros tenemos la mente de Cristo." 1 Cor. 2:16. Gloria a Dios.

HAY MAS PODER EN EL Espíritu
QUE EN LA CARNE

Con frecuencia escuchamos a personas decir que no tienen problema en creer que hay gente con demonios dentro de ellos (Ver Marcos 1:21-26; 5:2-13). Sin embargo, se les oye decir que el Espíritu Santo no mora dentro de nosotros. Es como si dijeran que el demonio puede entrar dentro de un ser humano, pero no así el Espíritu Santo. Es como si dijeran que hay más poder en la carne que en el Espíritu, cuando en realidad la Palabra dice que hay más poder en el Espíritu que en la carne. ¿Acaso no es clara la Palabra de Dios? Dejemos que la misma Palabra se interprete a sí misma:

"En el cual vosotros también sois juntamente edificados, para morada de Dios en Espíritu." Efes. 2:22.

"Que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser corroborados con potencia [poder] en el hombre interior por su Espíritu... Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, por la potencia [poder] que obra en nosotros." Efes. 3:16, 20.

"¿Y qué concierto el templo de Dios con los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré en ellos, y seré el Dios de ellos, y ellos serán mi pueblo." 2 Cor. 6:16.

"Y me ha dicho: Bástate mi gracia, porque mi potencia en la flaqueza se perfecciona. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis flaquezas, porque habite en mí la potencia de Cristo." 2 Cor. 12:9.

"Tenemos empero este tesoro en vasos de barro, para que la alteza del poder sea de Dios, y no de nosotros." 2 Cor. 4:7.

"Porque el Señor es el Espíritu; y donde hay el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma semejanza, como por el Espíritu del Señor." 2 Cor. 3:17-18.

Los que están en Cristo no andan en la carne, sino en el Espíritu: "Para que la justicia de la ley fuese cumplida en nosotros, que no andamos conforme a la carne, mas conforme al Espíritu." Rom. 8:4.

Los que están en Cristo no operan en el poder de la carne, sino en el poder del espíritu. Los que operan en el poder del Espíritu, son poderosos en Dios, porque el que mora en ellos es el Espíritu de Dios. Por eso nuestras armas no son carnales, sino poderosas en Dios:

"Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas. Destruyendo consejos, y toda altura que se levanta contra la ciencia de Dios,
y cautivando todo intento a la obediencia de Cristo." 2 Cor.
10:4-5.

Es verdaderamente importante dejar que la Palabra de Dios se interprete por sí sola. ¡Qué hermosa es cuando dejamos que ella nos hable de sí misma!

Las victorias, entonces, no dependen de nuestras fuerzas, ni de nuestro poder, sino en el poder de Dios. Conociendo a Dios, podemos entender que Él nos regala gratuitamente su salvación. Conociendo a Dios, podemos entender que Él nos regala gratuitamente su poder. Conociendo a Dios, podemos entender que Sus victorias son nuestras victorias, de que Su obediencia es nuestra obediencia y de que Su Espíritu es nuestro espíritu, cuando lo recibimos y creemos en Su Nombre:

"Mas a todos los que le recibieron, dióles potestad [poder] de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su Nombre." Juan 1:12.

El que recibe al Espíritu Santo por la fe, creyendo en Su Nombre, recibe de Dios la Naturaleza Divina en una naturaleza humana, haciéndonos partícipes de grandísimas promesas, participando de Su Naturaleza Divina en nuestra naturaleza humana, para vencer al enemigo de las almas. ¡El que permanece en la Palabra, permanece en el Espíritu y el que permanece en el Espíritu participa continua y diariamente de la Naturaleza Divina, la cual domina la naturaleza humana caída!:

"Por las cuáles nos son dadas preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas fueseis hechos participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que está en el mundo por causa de la concupiscencia." 2 Pedro 1:4.

Por eso es que Cristo siendo Divino se hizo humano para que nosotros siendo humanos participáramos de la naturaleza divina. Es decir que Cristo siendo Espíritu, se hizo carne, para que nosotros que somos carne, fuésemos espíritu.

Por eso es que el que está en Cristo, nueva criatura es, para que siendo nueva criatura participáramos de su naturaleza divina, la cual domina y vence la humana caída. Por eso es que el que está en Cristo, todo lo puede, todo lo vence, para que por la fe, participemos de la naturaleza divina, la cual no sólo vence la naturaleza humana caída, sino la naturaleza de ángeles caídos, dándonos todo el poder sobre el enemigo:

"He aquí os doy potestad [poder] de hollar sobre las serpientes y sobre los escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará." Luc. 10:19.

Concluimos entonces, por la Palabra, que Dios nos ha dado todo el poder sobre Satanás (la serpiente antigua) y los demonios (Apoc. 12:9; Luc. 10:19).

Si tenemos todo el poder de Cristo y en Cristo sobre toda la fuerza del enemigo, ¿Porqué hemos de temer a los demonios? Dios nos protege y nos da toda la fuerza sobre el enemigo. La Palabra dice que los demonios se nos sujetan. Sin embargo, la misma Palabra nos dice que no nos gocemos en esto, sino que nuestros nombres están escritos en los cielos, (Luc. 10:20). Gloria a Dios. Lo que sí debemos temer, es el soltarnos de la mano de Cristo. Todo hombre y mujer que persevera y ora constantemente, no desmayará, porque mantiene una comunicación ininterrumpida con el cielo. La oración es la herramienta principal para acercarnos y permanecer en Cristo. No es en vano cuando el mismo Señor dijo:"...que es necesario orar siempre y no desmayar...¿Y Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, aunque se longánime acerca de ellos?." Luc. 18:1, 7.

 


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