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Sept. 5, 2000
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Preparación para el Arrebatamiento
y el Conflicto Final

Capítulo 5
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Capítulo 5
Un ESPÍRITU NUEVO en una VIEJA CARNE
Cristo es Dios. La naturaleza divina de Cristo no fue creada,
porque como Dios que es, ha existido y existirá para siempre. Sin
embargo, la naturaleza divina de Cristo fue vestida con nuestra
naturaleza humana. Esta naturaleza, (la humana) fue creada (Heb.
2:7,14 - MR6, pág. 111). Cristo vino a mostrar al hombre cómo
vivir continuamente en nuestra naturaleza humana dependiendo de
Cristo, como Cristo dependió de su Padre al vestirse con nuestra
naturaleza humana. Por eso las Escrituras dicen:
"Respondió entonces Jesús, y díjoles: De cierto, de
cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada de sí mismo, sino lo
que viere hacer al Padre; porque todo lo que él hace, esto también
hace el Hijo juntamente...No puedo yo de mí mismo hacer nada.
Como oigo, juzgo; y mi juicio es justo; porque no busco mi voluntad,
mas la voluntad del que me envió, del Padre." Juan 5:
19,30.
Cuando Cristo dice "No puedo yo de mi mismo hacer
nada", no quiere decir que Cristo en su naturaleza divina no
puede hacer nada. Como Dios El puede hacer todo. Pero las Escrituras
nos dicen que Cristo descendió del cielo, no para hacer la voluntad
de Él, sino la de su Padre: " Porque
he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, mas la voluntad
del que me envió." Juan 6:38.
Por lo tanto, Cristo fue hecho idóneo en su naturaleza humana para
el conflicto con Satanás, mediante la permanencia del Espíritu
Santo en Él. Así también el hombre es hecho idóneo para el
conflicto con Satanás por la permanencia del Espíritu Santo a
través de Cristo. Es mediante la permanencia del Espíritu
Santo que se cumple la Palabra de Dios cuando dice:
"Estad en mí, y yo en vosotros. Como el
pámpano no puede llevar fruto de sí mismo, si no estuviere en
la vid; así ni vosotros, si no estuviereis en mí." Juan
15:4.
"Yo en ellos, y tú en mí, para que sean consumadamente
una cosa; y que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los
has amado, como también a mí me has amado." Juan 17:23.
Siendo "Consumadamente una
cosa" con Cristo, podemos andar de victoria en victoria, a
pesar de las pruebas y a pesar de nuestra naturaleza humana. Si
somos "consumadamente una cosa" con Cristo, entonces somos
hechos idóneos para el conflicto con Satanás mediante el Espíritu
Santo. De esta forma andamos no de susto en susto, o de caída en
caída, sino de poder en poder, de fe en fe, obteniendo la victoria
sobre toda tentación aún estando en naturaleza humana caída, pero
vestida de naturaleza divina. Estar vestidos con la naturaleza
divina, es estar vestidos con la Justicia de Cristo y estar vestidos
con la Justicia de Cristo, somos no solamente justificados, sino
también santificados por los méritos y el poder de Cristo. Los que
andan en la carne, en vez de por el Espíritu, con frecuencia se
desalientan de tal manera que abandonan el Evangelio de Jesucristo.
El cristiano tiene que entender que para andar como Él anduvo, hay
que andar en la abundancia de la Gracia (Rom. 5:17), pues la Gracia
solo es multiplicada en el conocimiento de Dios (2 Pedro 1: 2), descubriendo
la justicia de Cristo de Fe en Fe, (Rom. 1:17), pues ésta (la fe),
está fundamentada en el poder de Dios (1 Cor. 2:5), creciendo de
Gloria en Gloria (2 Cor. 3:18), de Victoria en Victoria, triunfando
siempre en Cristo Jesús (2 Cor. 2:14). Sin embargo, no podemos
hacer esto, ni honrar a Dios, a no ser que tengamos un conocimiento
de Su Carácter, Gobierno y Propósitos Divinos. Este
conocimiento de Dios, se obtiene sólo a través de su Palabra.
En adición, la Biblia, la Palabra de Dios, es el único libro en
el universo que necesita de la oración previa a su lectura, que
necesita de la humildad del lector y de su deseo de aprender la
verdad de Dios en Su Palabra. El lector necesita primero orar al
Padre, en el Nombre de Jesucristo, para que el Espíritu Santo lo
lleve a toda verdad a través de la Palabra de Dios. Este principio
es vital para poder llegar al conocimiento de Dios a través de Su
Palabra.
CONOCER A DIOS ES VIDA ETERNA
No podemos honrarle ni obedecerle, sin conocerle. No podemos
entender lo que significa participar o estar vestidos de la
naturaleza divina (2 Pedro 1:4), en una naturaleza humana, si
no conocemos y comprendemos lo que significa el carácter de Cristo.
Los pensamientos de Cristo combinados con Sus sentimientos de amor
forman el carácter de Cristo. Estos pensamientos y amor de Dios
están revelados perfectamente en Su Ley, las diez palabras. Por eso
es que el que guarda la Palabra de la paciencia de Dios, será
guardado de la hora de la tentación que ha de venir sobre todo el
mundo (Apoc. 3:10). Cuando el hombre acepta a Jesús como su
Salvador personal, acepta obtener gratuitamente la mente de Cristo.
Acepta conocer y aceptar el pensamiento (mente) de Cristo, expresado
en Su Palabra: " ¿Porque
quién conoció la mente del Señor? ¿quién le instruyó? Mas nosotros
tenemos la mente de Cristo." 1 Cor. 2:16.
No podemos estar vestidos del carácter de Cristo o andar en el
Espíritu sin entender Su carácter. Este (Su carácter) debe ser
entendido antes que los hombres puedan amarle, o seguirlo, o
ver la cruz con los ojos de la fe. La Palabra de Dios dice:
"Esta empero es la vida eterna, que te conozcan el
sólo Dios verdadero, y a Jesucristo, al cual has enviado." Juan
17:3.
"Pablo vio que el carácter de Cristo debía ser
entendido antes que los hombres pudieran amarle, o ver la
cruz con los ojos de la FE. Aquí debe comenzar ese estudio
que será la ciencia y el canto de los redimidos por toda la
eternidad. Solamente a la luz de la cruz puede estimarse el valor
del alma humana." HA pág. 221.
Entonces, la vida eterna es conocer a Dios. La única
forma de confiar en una persona es conociéndola. La única forma de
confiar en Dios, es conociéndole. La Palabra de Dios dice:" ...Maldito
el varón que confía en el hombre,
y pone carne por su brazo...Bendito el varón que se fía en
Jehová, y cuya confianza es Jehová." Jerem. 17:5, 7.
Por lo tanto, es sumamente importante y esencial que no confiemos en
el hombre, sino en Dios. Pero, para confiar en Dios, hay que
conocerlo, y aprendemos a conocerlo y confiar o tener fe en Él, por
medio del oír y leer de Su Palabra (Rom. 10:17).
LA FE VIENE Y CRECE POR EL OIR DE LA
PALABRA DE DIOS
"Luego la fe es por el oír, y el oír por la
palabra de Dios."
Rom. 10:17.
"Por lo cual también nosotros, desde el día en que lo
oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos
del conocimiento de su voluntad, en toda sabiduría y espiritual
inteligencia." Col. 1:9.
Es vital entender que para poder andar permanentemente con
Dios, en y con el Espíritu de Dios, debemos conocer suficientemente
de él. Podemos conocer suficiente de Él (Cristo), como para
aceptarlo inicialmente, pero debemos conocer mucho más de Él,
debemos perseverar para permanecer continuamente en y con Cristo.
Entonces tendremos confianza cuando El apareciere y no seremos
confundidos en su venida (1 Juan 2: 28). Para lograr
permanecer con Él, necesitamos hacer dos cosas:
1. Conocer suficientemente de Él como para aceptarlo
inicialmente. Este conocimiento viene por el oír, y el
oír de la Palabra de Dios (Rom. 10:17). Si la fe viene
por el oír de la Palabra de Dios, entonces la Palabra de Dios se
convierte en la fe que creemos. De esta manera la fe es la Palabra
de Dios. Dios nos llama y nosotros respondemos a ese llamado. Aquí
está lo único que el hombre puede hacer, que Dios no puede hacer.
La respuesta a ese llamado es voluntaria. Dios nunca fuerza la
voluntad de ninguna persona, pues es contrario a su carácter y
principios de amor. Dios toca la puerta de tu corazón, pero no
fuerza nunca su entrada. Todo aquel que desee el cielo, debe de
abrir la puerta en respuesta al llamado de Dios:
"He aquí, yo estoy a la puerta y llamo. Si alguno oyere
mi voz y abriere la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y
él conmigo." Apoc. 3:20.
2. Continuar oyendo la Palabra de Dios. Si la fe viene por el
oír de la Palabra de Dios, es importante continuar oyendo la
Palabra de Dios (la fe), para crecer en la Palabra, para
crecer en la fe. Por lo tanto, es necesario oir continuamente la
Palabra para permanecer en la fe.
La Palabra de Dios dice que recibimos el Espíritu por el oír de
la fe (Gál. 3:2). Si inicialmente recibimos el Espíritu por
el oír de la fe (oír de la Palabra), entonces es necesario oír
continuamente la fe para permanecer en la Palabra y por lo
tanto en el Espíritu, pues el que tiene la Palabra, tiene el
Espíritu de Dios. Recordemos siempre que no permanecemos en la
fe por las obras, sino por el oír de la fe, el oír de Su Palabra:
"Esto sólo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el
Espíritu por las obras de la ley, o por el oír de la fe? ¿Tan
necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora os
perfeccionáis por la carne?." Gál. 3:2-3.
Por la Biblia entendemos que el que está en la Palabra, está en
el Espíritu y el que permanece en la Palabra, permanece en el
Espíritu:
"Si estuviereis en mí, y mis palabrasestuvieren en vosotros,
pedid todo lo que quisiereis, y os será hecho." Juan 15:7.
"Cuando aprendamos a conocer el poder de su Palabra,
no seguiremos las sugestiones de Satanás para obtener alimento o
salvarnos la vida. Lo único que preguntaremos será: ¿Cuál es la orden
de Dios, y cuál es su promesa? Conociéndolas,
obedeceremos la primera y confiaremos en la segunda." DTG pág.
97.
Así que repetimos de nuevo: Cristo en su naturaleza humana
"fue hecho idóneo para el conflicto" con Satanás "mediante
la permanencia del Espíritu Santo en él." (DTG pág.
98-99). Así también el hombre en su naturaleza humana es hecho
idóneo para el conflicto con Satanás por la permanencia del
Espíritu Santo en nosotros a través de Cristo. Por esto es que
la conversión no trae una nueva carne en un viejo espíritu, sino
un nuevo Espíritu en una vieja carne. La conversión no trae una
nueva carne en una mente vieja sino una mente nueva en una vieja
carne.
"Él (Cristo) no consintió en pecar. Ni siquiera por
un pensamiento cedió a la tentación. Así también podemos
hacer nosotros. La humanidad de Cristo estaba unida con la
divinidad." DTG., 98.
¿Un nuevo Espíritu en una vieja carne? ¿Cuál es el
nuevo Espíritu? El Espíritu de Dios: " Mas
vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, si es que el
Espíritu de Dios mora en vosotros.
Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de él...Y
si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora
en vosotros, el que levantó a Cristo Jesús de los muertos,
vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu
que mora en vosotros." Rom. 8:9, 11.
"En el cual, compaginado todo el edificio, va creciendo para
ser un templo santo en el Señor." Efes. 2:21. ¿Por
qué? Porque tenemos la mente de Cristo:"...Mas
nosotros tenemos la mente de Cristo." 1 Cor. 2:16.
Gloria a Dios.
HAY MAS PODER EN EL Espíritu
QUE EN LA CARNE
Con frecuencia escuchamos a personas decir que no tienen
problema en creer que hay gente con demonios dentro de ellos (Ver
Marcos 1:21-26; 5:2-13). Sin embargo, se les oye decir que el
Espíritu Santo no mora dentro de nosotros. Es como si dijeran que
el demonio puede entrar dentro de un ser humano, pero no así el
Espíritu Santo. Es como si dijeran que hay más poder en la carne
que en el Espíritu, cuando en realidad la Palabra dice que hay más
poder en el Espíritu que en la carne. ¿Acaso no es clara la
Palabra de Dios? Dejemos que la misma Palabra se interprete a sí
misma:
"En el cual vosotros también sois juntamente edificados,
para morada de Dios en Espíritu." Efes. 2:22.
"Que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser
corroborados con potencia [poder] en el hombre interior por su
Espíritu... Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las
cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, por
la potencia [poder] que obra en nosotros." Efes.
3:16, 20.
"¿Y qué concierto el templo de Dios con los ídolos?
Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios
dijo: Habitaré y andaré en ellos, y seré el Dios de ellos,
y ellos serán mi pueblo." 2 Cor. 6:16.
"Y me ha dicho: Bástate mi gracia, porque mi potencia en la
flaqueza se perfecciona. Por tanto, de buena gana me gloriaré más
bien en mis flaquezas, porque habite en mí la potencia de Cristo."
2 Cor. 12:9.
"Tenemos empero este tesoro en vasos de barro,
para que la alteza del poder sea de Dios, y no de nosotros." 2
Cor. 4:7.
"Porque el Señor es el Espíritu; y donde hay el Espíritu
del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos,
mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor,
somos transformados de gloria en gloria en la misma semejanza, como por
el Espíritu del Señor." 2 Cor. 3:17-18.
Los que están en Cristo no andan en la carne, sino
en el Espíritu: " Para que
la justicia de la ley fuese cumplida en nosotros, que no andamos
conforme a la carne, mas conforme al Espíritu." Rom. 8:4.
Los que están en Cristo no operan en el poder de la carne, sino en
el poder del espíritu. Los que operan en el poder del Espíritu,
son poderosos en Dios, porque el que mora en ellos es el
Espíritu de Dios. Por eso nuestras armas no son carnales, sino
poderosas en Dios:
"Porque las armas de nuestra milicia no son carnales,
sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas.
Destruyendo consejos, y toda altura que se levanta contra la ciencia
de Dios,
y cautivando todo intento a la obediencia de Cristo."
2 Cor.
10:4-5.
Es verdaderamente importante dejar que la Palabra de Dios se
interprete por sí sola. ¡Qué hermosa es cuando dejamos que ella
nos hable de sí misma!
Las victorias, entonces, no dependen de nuestras fuerzas, ni de
nuestro poder, sino en el poder de Dios. Conociendo a Dios,
podemos entender que Él nos regala gratuitamente su salvación. Conociendo
a Dios, podemos entender que Él nos regala gratuitamente su
poder. Conociendo a Dios, podemos entender que Sus
victorias son nuestras victorias, de que Su obediencia es nuestra
obediencia y de que Su Espíritu es nuestro espíritu, cuando lo
recibimos y creemos en Su Nombre:
"Mas a todos los que le recibieron, dióles potestad [poder]
de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su Nombre."
Juan 1:12.
El que recibe al Espíritu Santo por la fe, creyendo en Su Nombre,
recibe de Dios la Naturaleza Divina en una naturaleza humana,
haciéndonos partícipes de grandísimas promesas, participando de
Su Naturaleza Divina en nuestra naturaleza humana, para vencer al
enemigo de las almas. ¡El que permanece en la Palabra, permanece
en el Espíritu y el que permanece en el Espíritu participa
continua y diariamente de la Naturaleza Divina, la cual domina la
naturaleza humana caída!:
"Por las cuáles nos son dadas preciosas y grandísimas
promesas, para que por ellas fueseis hechos participantes de la
naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que está en
el mundo por causa de la concupiscencia." 2 Pedro 1:4.
Por eso es que Cristo siendo Divino se hizo humano para que
nosotros siendo humanos participáramos de la naturaleza divina. Es
decir que Cristo siendo Espíritu, se hizo carne, para que nosotros
que somos carne, fuésemos espíritu.
Por eso es que el que está en Cristo, nueva criatura es,
para que siendo nueva criatura participáramos de su naturaleza
divina, la cual domina y vence la humana caída. Por eso es que
el que está en Cristo, todo lo puede, todo lo vence, para
que por la fe, participemos de la naturaleza divina, la cual no
sólo vence la naturaleza humana caída, sino la naturaleza de
ángeles caídos, dándonos todo el poder sobre el enemigo:
"He aquí os doy potestad [poder] de hollar sobre las
serpientes y sobre los escorpiones, y sobre toda fuerza del
enemigo, y nada os dañará." Luc. 10:19.
Concluimos entonces, por la Palabra,
que Dios nos ha dado todo el poder sobre Satanás (la serpiente
antigua) y los demonios (Apoc. 12:9; Luc. 10:19).
Si tenemos todo el poder de Cristo y en Cristo sobre toda la
fuerza del enemigo, ¿Porqué hemos de temer a los demonios? Dios
nos protege y nos da toda la fuerza sobre el enemigo. La Palabra
dice que los demonios se nos sujetan. Sin embargo, la misma Palabra
nos dice que no nos gocemos en esto, sino que nuestros nombres
están escritos en los cielos, (Luc. 10:20). Gloria a Dios.
Lo que sí debemos temer, es el soltarnos de la mano de Cristo. Todo
hombre y mujer que persevera y ora constantemente, no desmayará, porque
mantiene una comunicación ininterrumpida con el cielo. La
oración es la herramienta principal para acercarnos y
permanecer en Cristo. No es en vano cuando el mismo Señor
dijo: "...que es necesario orar
siempre y no desmayar...¿Y Dios no hará justicia a sus
elegidos, que claman a él día y noche, aunque se longánime acerca
de ellos?." Luc. 18:1, 7.
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