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Preparación para el Arrebatamiento
y el Conflicto Final

Capítulo 6
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Capítulo 6
¿CÓMO SE MANIFIESTA LA JUSTICIA DE DIOS?
"Mas ahora, sin la ley, la justicia de Dios se ha
manifestado, testificada por la ley y los profetas. La
justicia de Dios por la fe de Jesucristo, para todos los que creen
en él; porque no hay diferencia. Por cuanto todos pecaron, y
están destituidos de la gloria de Dios. Siendo justificados
gratuitamente por su gracia, por la redención que es en
Cristo Jesús." Rom. 3: 21-24.
Las Escrituras dicen que la "sin la ley, la justicia de Dios
se ha manifestado." También dice que la "justicia de Dios
por la fe de Jesucristo", es para todos los que creen en Él.
¿Significa esto que la ley fue abolida? Las Escrituras contestan
claramente: " ¿Luego
deshacemos la ley por la fe? En ninguna manera, antes establecemos
la ley." (Rom. 3:31). Si la
justicia de Dios es por la fe de Jesucristo, manifestada sin la ley,
es importante definir la justicia y ver la relación que hay
entre la fe y la ley.
Cristo murió no por justicia sino por amor. ¿Porqué?
Porque la justicia de la ley demandaba la muerte del injusto, no la
del justo. Cristo siendo el Justo, no debía morir. La ley de Dios
demandaba la muerte del violador de la ley. La justicia demandaba la
muerte del pecado. La Biblia dice que la paga del pecado es muerte (
.....).
Si Cristo, el Justo murió no por justicia, sino por
amor, entonces la Justicia fue manifetada "sin la ley". La
Justicia fue manifestada por el amor de Dios. Conociendo
ahora, que la Justicia fue manifestada "sin la ley", ¿cómo
debemos vivir, por la Justicia de la Ley o por el Amor de Cristo? Si
el que trajo la Justicia, la trajo por amor, entonces nosotros
debemos vivir por amor, para que la Justicia del que murió por
nosotros se manifieste tambíen en nosotros por amor.
Cristo, el Justo murió para otorgar justicia, no
por justicia, sino por amor. El amor del Justo se ve como señal
en la cruz. Siendo la cruz ahora la señal del amor. Por eso la
Palabra de Dios dice que el cumplimiento de la ley es el amor. (Rom.
13:10). Y el amor no hace mall al prójimo
(Rom. 13:10). El que actua por el amor de
Cristo, cumple la ley de Cristo y recibe la Justicia, no por la ley,
sino por amor.
JUSTICIA POR LA FE
En el uso teológico, justificar es el acto divino por el
cual Dios declara justo a un pecador penitente. La justificación es
lo opuesto a la condenación: " ...porque
el juicio a la verdad vino de un pecado para condenación, mas la
gracia vino de muchos delitos para justificación." (Rom.
5:16). Por el pecado merecemos y
caemos bajo condenación, pero por la Gracia gratuita de Dios, el
pecador puede experimentar la justificación como un don gratuito,
inmerecido, que no puede ser ganado, sino recibido solo mediante un
acto de Dios. La relación de justificación en que entra el
hombre con Dios es solamente por la fe de Jesús: "Sabiendo
que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino la fe DE
Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para
que fuésemos justificados por la fe DE Cristo, y no por las
obras de ley; por cuanto por las obras de la ley ninguna carne será
justificada." Gál. 2: 16.
Sin embargo, la fe DE Jesucristo no es forzada en el
hombre. Dios toca la puerta de nuestro corazón (Apoc. 3: 20)
y nos invita a aceptar esta preciosa fe, don gratuito de Dios (Efes.
2:8). El hombre decide si quiere entrar en esa relación de fe,
mediante la aceptación del regalo de Dios. Cuando el hombre acepta
la fe DE Jesucristo (el don de Dios), entonces la fe DE
Jesús es también ahora la fe EN Jesús y CON Jesús:
" Mas venida la fe,
ya no estamos bajo ayo; porque todos sois hijos de Dios por la fe
EN Cristo Jesús." Gál. 3: 25-26.
LA FE
La fe es una confianza total, irreversible y completa del
corazón y de la mente en Dios y sus caminos que nos conduce a
actuar en armonía con su soberana voluntad. La verdadera fe es
un don de Dios que obra en forma activa la justicia y la voluntad de
Dios en obediencia a todos sus mandamientos. Es un poder
transformador que cambia el carácter y controla la conducta.
Cuando el hombre entra en una relación íntima con Cristo, no
solo recibe la justicia atribuida o imputada (regalada) de Dios por
la fe, (Rom. 4:22) sino también recibe diaria y
continuamente la justicia impartida (santificación) de Dios,
que se descubre de fe en fe (Rom. 1:17). Si por la fe de
Jesús recibimos inicialmente la justicia de Dios, por esta misma fe,
la justicia de Dios permanece y se descubre de fe en fe, pues el
justo por la fe vivirá (Rom. 1:17).
LA GRACIA DE DIOS
Cuando crecemos de fe en fe, entonces la fe y su justicia
permanecen porque sin fe es imposible agradar a Dios (Heb.11:6).
De Dios recibimos fe por Gracia y por la fe recibida, recibimos
Gracia para el tiempo de la prueba, para el tiempo de la tentación.
Esto nos trae el concepto de que la Gracia no solamente es un
regalo gratuito de Dios, sino que es una influencia divina a
través del Espíritu Santo, mediante Cristo, para renovar la mente
y restringirnos del pecado. Por eso la Palabra declara que nos
lleguemos confiadamente al trono de la Gracia, para alcanzar
misericordia y hallar Gracia para el oportuno socorro o Gracia para
el tiempo de la necesidad (Heb. 4:16). Podemos declarar
entonces de nuevo, que de Dios recibimos fe por Gracia, y por la fe
recibida, recibimos Gracia o poder para el tiempo de la
prueba, para el tiempo de la tentación. Recibimos Gracia por fe
inicialmente y poderoso también es Dios para que abunde toda Gracia
en nosotros, aumentando los crecimientos de los frutos de justicia:
"Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda
gracia; a fin de que,
teniendo siempre en todas las cosas todo lo que basta, abundéis
para toda buena obra...Y el que da simiente al que siembra, también
dará pan para comer, y multiplicará vuestra sementera, y
aumentará los crecimientos de los frutos de vuestra justicia...Porque
la suministración de este servicio no solamente suple lo que a
los santos falta, sino también abunda en muchos hacimientos de
gracias a Dios." 2 Cor.9:8,10,12.
Por la Gracia de Dios recibimos el don de la fe de Jesús,
justificándonos por sus méritos. Luego, por la fe de Jesús,
también recibimos el crecimiento en la Gracia y conocimiento de
nuestro Señor y Salvador, santificándonos en su verdad: " Mas
creced en la gracia y conocimiento de nuestro Señor y
Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la
eternidad. Amén." 2 Pedro 3:18.
JUSTICIA IMPUTADA Y JUSTICIA IMPARTIDA
El crecimiento en la Gracia es posible porque el don de la fe de
Jesús está fundamentado en su poder (1 Cor. 2:5). La
justicia de Dios tiene entonces dos elementos esenciales en el
camino de la salvación. El primero (la justicia atribuida o
imputada) otorga al pecador arrepentido el derecho a entrar en
el reino. Este es el título al cielo. El segundo (la
justicia impartida o santificación), le otorga o le imparte al
hombre todo el poder por la fe de Jesucristo sobre el enemigo de las
almas (Luc. 10:19). De esta manera el hombre puede siempre
mantenerse triunfante en Cristo Jesús. La justicia impartida o
santificación es la idoneidad para el cielo. Es el proceso
de la santificación. Este segundo paso también demostrará o dará
evidencia de que ha ocurrido la justificación para la gloria de
Dios. La justicia de Dios se descubre de fe en fe. Solo así podemos
crecer en fe, mediante la justicia de Dios impartida diariamente:
" Porque en él la
justicia de Dios se descubre de fe en fe; como está escrito:
Mas el justo vivirá por la fe." Rom. 1: 17.
Podemos estar seguros de la justificación y salvación en Cristo
Jesús. Esta justificación y salvación es evidenciada en la
obediencia de la fe (Rom. 16:26). De otra forma, la justificación
sin obediencia es presunción. El que dice que ha conocido a
Dios y " ...no guarda sus
mandamientos, el tal es mentiroso, y no hay verdad en él." 1
Juan 2:4. El que humildemente recibe
la Palabra de Dios, avanza por la fe de Él, con toda
seguridad y confianza, pues Dios lo ha prometido:
"En el cual tenemos seguridad y entrada con
confianza por la fe de él." Efes. 3:12.
Por la "fe de Él" (Cristo) habita en nuestro
corazón (Efes.3:17), " corroborados
con potencia en el hombre interior por su Espíritu."
(Efes. 3:16). Dios hace lo que El
quiere en nosotros porque hemos permitido que Él entre en nosotros
a través de su Santo Espíritu: "En
el cual vosotros también sois juntamente edificados, para morada
de Dios en Espíritu." Efes. 2:22. "Porque Dios es
el que en vosotros obra así el querer como el hacer, por su
buena voluntad." Filip. 2:13. "...y vivo, no ya
yo, mas vive Cristo en mí. Y lo que ahora vivo en la carne, lo
vivo en la fe del Hijo de Dios..." Gál. 2: 20.
La justicia puede ser impartida diariamente solamente en la
medida que comamos y bebamos del pan de vida (Mateo 4:4) y de
la bebida espiritual (1 Cor. 10:4) que es Cristo, diariamente.
Esto es por el oír y el oír de la Palabra de Dios (Rom. 10:17).
Por la "morada de Dios en Espíritu", "esperamos la
esperanza de la justicia por la fe" (Gál. 5:5). De esta
forma crecemos de gloria en gloria (de carácter en carácter), de
fe en fe, de poder en poder, y de victoria en victoria, Amén.
La ley de Dios revela Su carácter inmaculado y santo. Revela la
justicia de Dios la cual es absoluta, y equivale a la plenitud e
infinita perfección del carácter divino. Sus Diez Palabras (10
mandamientos) son promesas que deben ser obedecidas o guardadas. Sin
embargo, por el pecado, nosotros hemos hecho de la ley maldición (Gál.
3:12), y ahora somos merecedores de la muerte. Nos hemos
debilitado e incapacitado para guardar la ley. Dice la Palabra:
" ...todas nuestras justicias
[son] como trapos de inmundicia..." Isa. 64:6.
Por lo tanto, cualquier justicia que el hombre tenga es de Dios, en
virtud de su relación con Él, porque procede de Dios. Según las
Sagradas Escrituras, el hombre no puede ser justificado por Dios,
excepto cuando éste entra en un estado de relación y aceptación
de Cristo por la fe como don gratuito de Dios: "Justificados
pues por la fe, tenemos
paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo." Rom.
5:1.
Justificados por la fe tenemos paz con Dios. Este versículo
muestra que hay una relación entre la justicia, la fe de Jesús y
la verdadera paz. No puede existir justicia y paz aparte de la fe de
Cristo y de su relación en nuestras vidas. En virtud de esta
relación en que entra el hombre con Cristo, se producen los frutos
de justicia: " Llenos de
frutos de justicia, que son por Jesucristo, a gloria y loor de Dios."
Filp. 1:11. Sin embargo, una vida
justa, no nos produce méritos ante Dios, porque ningún acto humano
puede ser meritorio a su vista.
Muchas personas hoy en día, al igual que en el tiempo de Cristo,
llegaron a creer que la justicia se podía obtener por una
observancia minuciosa de la ley. La observancia mecánica de la ley
es aceptada como la norma suficiente de justicia prescripta por ella,
(la ley), aparte o sin fe en la Gracia de Dios. Este tipo de
justicia (aparte de la fe de Jesús), es una justicia humana, legal,
que no deja lugar para el ejercicio de la fe por la Gracia de Dios.
Pero, la Palabra de Dios es clara: " No
desecho la gracia de Dios; porque si por la ley fuese la justicia,
entonces por demás murió Cristo." Gál. 2:21.
Cristo nos amó tanto, que se dio a sí mismo para que la justicia
que demandaba la ley fuese satisfecha, recibiendo también muerte de
hombre para poder justificar y redimir lo que se había perdido.
Por eso es que Dios en su misericordia hace manifiesta la
justicia de Dios, sin la ley, por la fe de Jesús. Al que
cree a aquel que justifica al impío, la fe de Jesús le es
contada por justicia; " ...para
que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de
Jesús" Rom. 3:26. Entonces somos
justificados por la justicia de la fe de Jesús (Rom.
4:13). Somos "...justificados
gratuitamente por su gracia, por la redención que es en Cristo
Jesús." (Rom. 3:24).
Por haber pecado fuimos "destituidos de la gloria de Dios",
pero gracias a Dios ahora, somos restituidos para revelar de nuevo
la gloria de Dios, (2 Cor. 3:18), no por nuestros méritos o
por nuestra propia justicia, sino por los méritos y la justicia de
Dios, manifestada por la fe de Jesús, la cual siendo
fundamentada en su poder, (1 Cor. 2:5), no solamente
nos perdona los pecados pasados, sino que nos capacita para no
pecar más.
Cuando las Escrituras hablan de "...aquel que justifica al
impío...", es también el mismo del cual se declara "...que
es poderoso para guardaros sin caída..." (Judas 1:24) y
el mismo que "...apareció para quitar nuestros pecados..."
(1 Juan 3:5), no meramente para perdonarlos, sino para
quitarlos. Por eso fue declarado de Él: " ...He
aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo."
Juan 1:29. Por eso es que la justicia
de Dios, manifestada por la fe de Jesús tiene dos componentes,
uno que justifica (justicia imputada) al pecador, perdonándole los
pecados pasados y justificándolo ante Dios, y el otro (justicia
impartida o santificación), le imparte poder diariamente para
quitar los pecados, y no pecar mas. En otras palabras, la justicia
de Dios manifestada por la fe de Jesús, es dada gratuitamente a
nosotros los pecadores; es fundamentada en el poder de Dios (1
Cor. 2:5), y "...hace
que siempre triunfemos en Cristo Jesús..." (2 Cor. 2:14).
Por este poder (de la fe de Jesús), se puede declarar
como lo hizo el apóstol Pablo: " Todo
lo puedo en Cristo que me fortalece." Filip. 4:13. Si
permanecemos en la fe de Jesús por el oír de la Palabra de Dios,
mediante la continua oración y comunicación con Dios, (1
Tesal.5:17) permaneceremos en el poder de Dios. Si permanecemos
en la fe de Jesús recibiremos continuamente poder para testificar y
para no pecar, por medio de Aquel que nos amó; creando así un
círculo que trae bendición a todos los que nos rodean y con todos
con los que testificamos el Evangelio de Jesucristo. Este círculo
de bendición edifica el carácter a la imagen de Jesús. La fe de
Jesús es entonces poderosa a tal grado que las Escrituras declaran
que el que permanezca en esta fe (la de Jesús) no pecará
mas: "Cualquiera que permanece
en él, no peca..." 1 Juan 3:6.
Aún mas, el apóstol Pedro declara: "Por
lo cual, hermanos, procurad tanto más afirmar vuestra vocación y
elección; porque haciendo estas cosas no caeréis jamás,"
2 Pedro 1:10. Nuestra fe, no es otra
cosa que la fe otorgada por Dios como don gratuito (Efes. 2:8),
a los que hemos aceptado la fe de Jesús para nuestra salvación
total y completa. Por eso es que lo que no es de fe, es pecado:
"...y todo lo que no es de
fe, es pecado." Rom. 14:23.
Por la Palabra de Dios debemos quedar completamente convencidos
que lo que Él declaró y prometió, lo ha cumplido y lo cumplirá,
pues Dios no es hombre para que mienta. Primero debemos
recordar que si pecamos tenemos Abogado para con el Padre, a
Jesucristo el justo: " Hijitos
míos, estas cosas os escribo, para que no pequéis; y si
alguno hubiere pecado, abogado tenemos ante el Padre, a
Jesucristo el justo" 1Juan 2:1.
Segundo, Si pecamos, tenemos el mejor abogado del universo,
que por su sangre nos perdona, y con su poderosa Gracia nos
perfecciona de día en día, de fe en fe, de gloria en gloria hasta
el día de Jesucristo: "Confiado
de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la
perfeccionará hasta el día de Jesucristo." Filip. 1:6.
Las Escrituras dicen hablando de
Abrahán: "Tampoco en la
promesa de Dios dudó con desconfianza, antes fue esforzado en fe,
dando gloria a Dios, Plenamente convencido de que todo lo que había
prometido, era también poderoso para hacerlo." Rom. 4:20-21.
Al principio hicimos la pregunta: ¿Cómo se manifiesta la
justicia de Dios? La Biblia nos dice que la justicia de Dios es
ahora manifestada sin la ley, por la fe de Jesús. Esto no
quiere decir como expresamos al principio que la ley de los diez
mandamientos, la ley moral fue abolida, pues las mismas Escrituras
declaran que: " ...por la
ley es el conocimiento del pecado" (Rom. 3:20).
Esto quiere decir que si no hay ley, no hay pecado, por eso el
apóstol Pablo declara: "¿Luego
deshacemos la ley por la fe? En ninguna manera, antes
establecemos la ley." Rom. 3: 31.
RELACIÓN ENTRE LA FE Y LA LEY
En el último libro de la Biblia, el apóstol Juan declara por
inspiración divina: " Aquí
está la paciencia de los santos, aquí están los que guardan
los mandamientos de Dios y la fe de Jesús." Apoc.
14:12. La Biblia dice que los que
guardan los mandamientos de Dios, guardan la fe de Jesús. La Biblia
siempre relaciona el guardar de la ley de Dios con la fe de Jesús,
pues es imposible guardar la ley o ser justificados por Dios, aparte
de la fe de Jesucristo. Esta relación se puede explicar de la
siguiente manera: No podemos guardar la ley de Dios, para guardar la
fe, tenemos que tener la fe (de Jesús) para guardar la ley de Dios.
En otras palabras, no podemos ser buenos para ser salvos, tenemos
que ser salvos en Cristo Jesús para poder ser buenos.
El pecado nos incapacitó para guardar la ley de Dios, pero el
hecho de que estemos bajo la Gracia, nos capacita de nuevo para
guardarla, no con nuestro poder, sino con el de Cristo. El estar
bajo la Gracia no quiere decir que la ley no existe, o que no se
debe de guardar. Es precisamente todo lo contrario, el hecho de que
estemos bajo la Gracia de Dios, por medio de la fe de Jesús,
fundamentada en su poder, nos capacita para vencer el pecado y que
este no se enseñoree de nosotros: " Porque
el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis
bajo la ley, sino bajo la gracia." Rom. 6:14.
Existe una forma legalista, mecánica, carnal, de justicia humana
que expresa que el hombre puede guardar u obedecer la ley de Dios.
Esta forma de legalismo establece la justicia por el esfuerzo humano
y no por la fe de Jesús. Esta práctica legalista de la ley siempre
se manifiesta separada del amor de Cristo y de su misericordia. Pero
la justiciaque ha sido manifestada sin la ley, (Rom 3:21) por
la ley de la fe de Jesús, para remisión de pecados fue demostrada
mediante el sacrificio de Cristo para que los hombres comprendan la
manifestación, la magnitud de su amor y la inmutabilidad de su ley.
La justicia de su ley es amor manifestado ahora por el Dios de la
ley mediante Su Sangre. Por lo que la ley no se deshace por la fe,
antes es establecida por la fe, para que nadie se justifique en
sus propios dichos u obras, sino Jesucristo el justo. Por lo tanto,
sólo es justificado el que es de la fe de Jesús. (Rom
3:26). Así entonces se puede obedecer la ley de Dios, por la
ley de la fe de Jesús. Esto no es una obediencia legalista. Esto
es obediencia por fe.
Por lo tanto, los impíos se llenarán de horror, cuando la
justicia de Dios sea manifestada mediante la ley en los cielos como
testigo para los que no aceptaron la manifestación de la justicia
de Dios sin la ley por la fe de Jesús: " Y
denunciarán los cielos su justicia,
porque Dios es el juez." Salm. 50:6. "Los cielos
denunciaron su justicia, y todos los pueblos vieron su gloria."
Salm. 97:6. Esta manifestación será
sólo para el conocimiento de la condenación, y no para
manifestación del poder de la Gracia para salud (salvación),
mediante la fe de Jesús, pues la rechazaron continuamente, hasta
que fue declarado en los cielos:
"El que es injusto, sea injusto todavía; y el sucio,
ensúciese todavía..." Apo. 22:11.
Pero los justos se llenarán de gozo, cuando la ley sea
testificada en los cielos, pues cuando la ley les mostró el
conocimiento del pecado, estosaceptaron la justicia de la fe, sin la
ley y por medio del poder que acompaña la fe de Jesús, vencieron y
obedecieron la orden de Jesús: " Si
me amáis, guardad mis mandamientos." Juan 14:15. Entonces
en ellos se cumplirán las siguientes palabras:
"..Y el que es justo, sea todavía justificado; y el santo
sea santificado todavía." Apo. 22:11.
Así se cumplen también las Escrituras cuando en nosotros sea
manifestada la Gloria de Dios (carácter) de Jesús
(Rom. 8:18). Este es el continuo anhelar de las criaturas, la
manifestación de lo que Dios va a hacer en esta última generación
(Rom. 8:19). En esta esperanza somos salvos:
"Porque las criaturas sujetas fueron a vanidad no de grado,
mas por causa del que las sujetó con esperanza, que también las
mismas criaturas serán libradas de la servidumbre de corrupción en
la libertad gloriosa de los hijos de Dios." Rom. 8:20-21.
Porque en esta "...Esperanza
somos salvos..." Rom 8:24.
Así que ahora con paciencia esperamos, pues, que el: " ...Espíritu
ayuda nuestra flaqueza; porque que hemos pedir como conviene, no
lo sabemos; sino que el mismo Espíritu pide por nosotros con
gemidos indecibles" (Rom. 8:26), para
que "...los que antes
conoció también predestinó...que fuesen hechos conformes a
la imagen su de Hijo, para que él sea el
primogénito entre muchos
hermanos;...a éstos también justificó; y a los que
justificó, a éstos también glorificó." Rom. 8:29, 30.
"¿Pues qué diremos a esto? Si Dios por nosotros, ¿quién
contra nosotros?." Rom. 8:31. Amén.
Concluimos entonces, que hay una relación entre la justicia y la
fe. Que la justicia de Dios es manifestada sin la ley, por la fe de
Jesús. Que la justicia de Dios, establece la ley (no la anula) por
la fe y el poder de la fe, para vencer en todo tiempo, en todo
lugar y en toda circunstancia, en Su Nombre. Gloria a Dios.
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