Noticias Bilingues
 Special Bilingual News for the year 2001:

Noti/news. 

Noticias Bilingues Special Bilingual News for the year 2000:
 News/Noti. Ag., 2000
 News/Noti.Sept., 2000
 News/Noti.Oct., 2000
 News/Noti.Nov., 2000
 News/Noti.Dec. 2000

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Newsletters

img0.gif (110770 bytes)

img0.gif (96876 bytes)

Libertad de 
conciencia en 
el 2000, según 
Juan Pablo II

pope0906.jpg (10060 bytes)

 

 

 

 


"the pope has some bad news: Only Rome has a direct line to God" Time Sept. 5, 2000

"El papa Juan Pablo II…tiene malas noticias: Solo Roma tiene una linea directa 
a Dios"

Time Sept. 5, 2000

Programa La Biblia

sponsorship2a.jpg (10998 bytes)
International
Children's
Care (ICC)
Sponsor a Child Today
Apadrine un Niño Hoy 

New World Order 


News

Jerusalem/Persian 
Gulf News  

Human Genome 
Proyect

Natural Disasters

Homosexual Agenda

El Plan Papal

Noticias de Roma/Papal
News

The 10 
Commandments
Proyect

Fearful Sights

Church & State

Hell / Infierno  

The Y2K restropective Analysis


Proyecto 
Misionero

Missionary Proyect
Publications

 

Preparación para el Arrebatamiento
y el Conflicto Final

Sobre el Autor:
Julián Cano Rave

 

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 6

¿CÓMO SE MANIFIESTA LA JUSTICIA DE DIOS?

"Mas ahora, sin la ley, la justicia de Dios se ha manifestado, testificada por la ley y los profetas. La justicia de Dios por la fe de Jesucristo, para todos los que creen en él; porque no hay diferencia. Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios. Siendo justificados gratuitamente por su gracia, por la redención que es en Cristo Jesús." Rom. 3: 21-24.

Las Escrituras dicen que la "sin la ley, la justicia de Dios se ha manifestado." También dice que la "justicia de Dios por la fe de Jesucristo", es para todos los que creen en Él. ¿Significa esto que la ley fue abolida? Las Escrituras contestan claramente: "¿Luego deshacemos la ley por la fe? En ninguna manera, antes establecemos la ley." (Rom. 3:31). Si la justicia de Dios es por la fe de Jesucristo, manifestada sin la ley, es importante definir la justicia y ver la relación que hay entre la fe y la ley.

Cristo murió no por justicia sino por amor. ¿Porqué? Porque la justicia de la ley demandaba la muerte del injusto, no la del justo. Cristo siendo el Justo, no debía morir. La ley de Dios demandaba la muerte del violador de la ley. La justicia demandaba la muerte del pecado. La Biblia dice que la paga del pecado es muerte ( .....).  

   Si Cristo, el Justo murió no por justicia, sino por amor, entonces la Justicia fue manifetada "sin la ley". La Justicia fue manifestada por el amor de Dios.  Conociendo ahora, que la Justicia fue manifestada "sin la ley", ¿cómo debemos vivir, por la Justicia de la Ley o por el Amor de Cristo? Si el que trajo la Justicia, la trajo por amor, entonces nosotros debemos vivir por amor, para que la Justicia del que murió por nosotros se manifieste tambíen en nosotros por amor. 

Cristo, el Justo murió para otorgar justicia, no por justicia, sino por amor. El amor del Justo se ve como señal en la cruz. Siendo la cruz ahora la señal del amor. Por eso la Palabra de Dios dice que el cumplimiento de la ley es el amor. (Rom. 13:10). Y el amor no hace mall al prójimo (Rom. 13:10). El que actua por el amor de Cristo, cumple la ley de Cristo y recibe la Justicia, no por la ley, sino por amor. 

 

JUSTICIA POR LA FE

En el uso teológico, justificar es el acto divino por el cual Dios declara justo a un pecador penitente. La justificación es lo opuesto a la condenación: "...porque el juicio a la verdad vino de un pecado para condenación, mas la gracia vino de muchos delitos para justificación." (Rom. 5:16). Por el pecado merecemos y caemos bajo condenación, pero por la Gracia gratuita de Dios, el pecador puede experimentar la justificación como un don gratuito, inmerecido, que no puede ser ganado, sino recibido solo mediante un acto de Dios. La relación de justificación en que entra el hombre con Dios es solamente por la fe de Jesús: "Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino la fe DE Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para que fuésemos justificados por la fe DE Cristo, y no por las obras de ley; por cuanto por las obras de la ley ninguna carne será justificada." Gál. 2: 16.

Sin embargo, la fe DE Jesucristo no es forzada en el hombre. Dios toca la puerta de nuestro corazón (Apoc. 3: 20) y nos invita a aceptar esta preciosa fe, don gratuito de Dios (Efes. 2:8). El hombre decide si quiere entrar en esa relación de fe, mediante la aceptación del regalo de Dios. Cuando el hombre acepta la fe DE Jesucristo (el don de Dios), entonces la fe DE Jesús es también ahora la fe EN Jesús y CON Jesús: "Mas venida la fe, ya no estamos bajo ayo; porque todos sois hijos de Dios por la fe EN Cristo Jesús." Gál. 3: 25-26.

LA FE

La fe es una confianza total, irreversible y completa del corazón y de la mente en Dios y sus caminos que nos conduce a actuar en armonía con su soberana voluntad. La verdadera fe es un don de Dios que obra en forma activa la justicia y la voluntad de Dios en obediencia a todos sus mandamientos. Es un poder transformador que cambia el carácter y controla la conducta.

Cuando el hombre entra en una relación íntima con Cristo, no solo recibe la justicia atribuida o imputada (regalada) de Dios por la fe, (Rom. 4:22) sino también recibe diaria y continuamente la justicia impartida (santificación) de Dios, que se descubre de fe en fe (Rom. 1:17). Si por la fe de Jesús recibimos inicialmente la justicia de Dios, por esta misma fe, la justicia de Dios permanece y se descubre de fe en fe, pues el justo por la fe vivirá (Rom. 1:17).

LA GRACIA DE DIOS

Cuando crecemos de fe en fe, entonces la fe y su justicia permanecen porque sin fe es imposible agradar a Dios (Heb.11:6). De Dios recibimos fe por Gracia y por la fe recibida, recibimos Gracia para el tiempo de la prueba, para el tiempo de la tentación. Esto nos trae el concepto de que la Gracia no solamente es un regalo gratuito de Dios, sino que es una influencia divina a través del Espíritu Santo, mediante Cristo, para renovar la mente y restringirnos del pecado. Por eso la Palabra declara que nos lleguemos confiadamente al trono de la Gracia, para alcanzar misericordia y hallar Gracia para el oportuno socorro o Gracia para el tiempo de la necesidad (Heb. 4:16). Podemos declarar entonces de nuevo, que de Dios recibimos fe por Gracia, y por la fe recibida, recibimos Gracia o poder para el tiempo de la prueba, para el tiempo de la tentación. Recibimos Gracia por fe inicialmente y poderoso también es Dios para que abunde toda Gracia en nosotros, aumentando los crecimientos de los frutos de justicia:

"Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia; a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo que basta, abundéis para toda buena obra...Y el que da simiente al que siembra, también dará pan para comer, y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los crecimientos de los frutos de vuestra justicia...Porque la suministración de este servicio no solamente suple lo que a los santos falta, sino también abunda en muchos hacimientos de gracias a Dios." 2 Cor.9:8,10,12.

Por la Gracia de Dios recibimos el don de la fe de Jesús, justificándonos por sus méritos. Luego, por la fe de Jesús, también recibimos el crecimiento en la Gracia y conocimiento de nuestro Señor y Salvador, santificándonos en su verdad: "Mas creced en la gracia y conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén." 2 Pedro 3:18.

JUSTICIA IMPUTADA Y JUSTICIA IMPARTIDA

El crecimiento en la Gracia es posible porque el don de la fe de Jesús está fundamentado en su poder (1 Cor. 2:5). La justicia de Dios tiene entonces dos elementos esenciales en el camino de la salvación. El primero (la justicia atribuida o imputada) otorga al pecador arrepentido el derecho a entrar en el reino. Este es el título al cielo. El segundo (la justicia impartida o santificación), le otorga o le imparte al hombre todo el poder por la fe de Jesucristo sobre el enemigo de las almas (Luc. 10:19). De esta manera el hombre puede siempre mantenerse triunfante en Cristo Jesús. La justicia impartida o santificación es la idoneidad para el cielo. Es el proceso de la santificación. Este segundo paso también demostrará o dará evidencia de que ha ocurrido la justificación para la gloria de Dios. La justicia de Dios se descubre de fe en fe. Solo así podemos crecer en fe, mediante la justicia de Dios impartida diariamente: "Porque en él la justicia de Dios se descubre de fe en fe; como está escrito: Mas el justo vivirá por la fe." Rom. 1: 17.

Podemos estar seguros de la justificación y salvación en Cristo Jesús. Esta justificación y salvación es evidenciada en la obediencia de la fe (Rom. 16:26). De otra forma, la justificación sin obediencia es presunción. El que dice que ha conocido a Dios y "...no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y no hay verdad en él." 1 Juan 2:4. El que humildemente recibe la Palabra de Dios, avanza por la fe de Él, con toda seguridad y confianza, pues Dios lo ha prometido:

"En el cual tenemos seguridad y entrada con confianza por la fe de él." Efes. 3:12.

Por la "fe de Él" (Cristo) habita en nuestro corazón (Efes.3:17), "corroborados con potencia en el hombre interior por su Espíritu." (Efes. 3:16). Dios hace lo que El quiere en nosotros porque hemos permitido que Él entre en nosotros a través de su Santo Espíritu: "En el cual vosotros también sois juntamente edificados, para morada de Dios en Espíritu." Efes. 2:22. "Porque Dios es el que en vosotros obra así el querer como el hacer, por su buena voluntad." Filip. 2:13. "...y vivo, no ya yo, mas vive Cristo en mí. Y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios..." Gál. 2: 20.

La justicia puede ser impartida diariamente solamente en la medida que comamos y bebamos del pan de vida (Mateo 4:4) y de la bebida espiritual (1 Cor. 10:4) que es Cristo, diariamente. Esto es por el oír y el oír de la Palabra de Dios (Rom. 10:17). Por la "morada de Dios en Espíritu", "esperamos la esperanza de la justicia por la fe" (Gál. 5:5). De esta forma crecemos de gloria en gloria (de carácter en carácter), de fe en fe, de poder en poder, y de victoria en victoria, Amén.

La ley de Dios revela Su carácter inmaculado y santo. Revela la justicia de Dios la cual es absoluta, y equivale a la plenitud e infinita perfección del carácter divino. Sus Diez Palabras (10 mandamientos) son promesas que deben ser obedecidas o guardadas. Sin embargo, por el pecado, nosotros hemos hecho de la ley maldición (Gál. 3:12), y ahora somos merecedores de la muerte. Nos hemos debilitado e incapacitado para guardar la ley. Dice la Palabra: "...todas nuestras justicias [son] como trapos de inmundicia..." Isa. 64:6. Por lo tanto, cualquier justicia que el hombre tenga es de Dios, en virtud de su relación con Él, porque procede de Dios. Según las Sagradas Escrituras, el hombre no puede ser justificado por Dios, excepto cuando éste entra en un estado de relación y aceptación de Cristo por la fe como don gratuito de Dios: "Justificados pues por la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo." Rom. 5:1.

Justificados por la fe tenemos paz con Dios. Este versículo muestra que hay una relación entre la justicia, la fe de Jesús y la verdadera paz. No puede existir justicia y paz aparte de la fe de Cristo y de su relación en nuestras vidas. En virtud de esta relación en que entra el hombre con Cristo, se producen los frutos de justicia: "Llenos de frutos de justicia, que son por Jesucristo, a gloria y loor de Dios." Filp. 1:11. Sin embargo, una vida justa, no nos produce méritos ante Dios, porque ningún acto humano puede ser meritorio a su vista.

Muchas personas hoy en día, al igual que en el tiempo de Cristo, llegaron a creer que la justicia se podía obtener por una observancia minuciosa de la ley. La observancia mecánica de la ley es aceptada como la norma suficiente de justicia prescripta por ella, (la ley), aparte o sin fe en la Gracia de Dios. Este tipo de justicia (aparte de la fe de Jesús), es una justicia humana, legal, que no deja lugar para el ejercicio de la fe por la Gracia de Dios. Pero, la Palabra de Dios es clara: "No desecho la gracia de Dios; porque si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo." Gál. 2:21. Cristo nos amó tanto, que se dio a sí mismo para que la justicia que demandaba la ley fuese satisfecha, recibiendo también muerte de hombre para poder justificar y redimir lo que se había perdido.

Por eso es que Dios en su misericordia hace manifiesta la justicia de Dios, sin la ley, por la fe de Jesús. Al que cree a aquel que justifica al impío, la fe de Jesús le es contada por justicia; "...para que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús" Rom. 3:26. Entonces somos justificados por la justicia de la fe de Jesús (Rom. 4:13). Somos "...justificados gratuitamente por su gracia, por la redención que es en Cristo Jesús." (Rom. 3:24).

Por haber pecado fuimos "destituidos de la gloria de Dios", pero gracias a Dios ahora, somos restituidos para revelar de nuevo la gloria de Dios, (2 Cor. 3:18), no por nuestros méritos o por nuestra propia justicia, sino por los méritos y la justicia de Dios, manifestada por la fe de Jesús, la cual siendo fundamentada en su poder, (1 Cor. 2:5), no solamente nos perdona los pecados pasados, sino que nos capacita para no pecar más.

Cuando las Escrituras hablan de "...aquel que justifica al impío...", es también el mismo del cual se declara "...que es poderoso para guardaros sin caída..." (Judas 1:24) y el mismo que "...apareció para quitar nuestros pecados..." (1 Juan 3:5), no meramente para perdonarlos, sino para quitarlos. Por eso fue declarado de Él: "...He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo." Juan 1:29. Por eso es que la justicia de Dios, manifestada por la fe de Jesús tiene dos componentes, uno que justifica (justicia imputada) al pecador, perdonándole los pecados pasados y justificándolo ante Dios, y el otro (justicia impartida o santificación), le imparte poder diariamente para quitar los pecados, y no pecar mas. En otras palabras, la justicia de Dios manifestada por la fe de Jesús, es dada gratuitamente a nosotros los pecadores; es fundamentada en el poder de Dios (1 Cor. 2:5), y "...hace que siempre triunfemos en Cristo Jesús..." (2 Cor. 2:14).

Por este poder (de la fe de Jesús), se puede declarar como lo hizo el apóstol Pablo: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece." Filip. 4:13. Si permanecemos en la fe de Jesús por el oír de la Palabra de Dios, mediante la continua oración y comunicación con Dios, (1 Tesal.5:17) permaneceremos en el poder de Dios. Si permanecemos en la fe de Jesús recibiremos continuamente poder para testificar y para no pecar, por medio de Aquel que nos amó; creando así un círculo que trae bendición a todos los que nos rodean y con todos con los que testificamos el Evangelio de Jesucristo. Este círculo de bendición edifica el carácter a la imagen de Jesús. La fe de Jesús es entonces poderosa a tal grado que las Escrituras declaran que el que permanezca en esta fe (la de Jesús) no pecará mas: "Cualquiera que permanece en él, no peca..." 1 Juan 3:6. Aún mas, el apóstol Pedro declara: "Por lo cual, hermanos, procurad tanto más afirmar vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas no caeréis jamás," 2 Pedro 1:10. Nuestra fe, no es otra cosa que la fe otorgada por Dios como don gratuito (Efes. 2:8), a los que hemos aceptado la fe de Jesús para nuestra salvación total y completa. Por eso es que lo que no es de fe, es pecado: "...y todo lo que no es de fe, es pecado." Rom. 14:23.

Por la Palabra de Dios debemos quedar completamente convencidos que lo que Él declaró y prometió, lo ha cumplido y lo cumplirá, pues Dios no es hombre para que mienta. Primero debemos recordar que si pecamos tenemos Abogado para con el Padre, a Jesucristo el justo: "Hijitos míos, estas cosas os escribo, para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos ante el Padre, a Jesucristo el justo" 1Juan 2:1. Segundo, Si pecamos, tenemos el mejor abogado del universo, que por su sangre nos perdona, y con su poderosa Gracia nos perfecciona de día en día, de fe en fe, de gloria en gloria hasta el día de Jesucristo: "Confiado de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo." Filip. 1:6. Las Escrituras dicen hablando de Abrahán: "Tampoco en la promesa de Dios dudó con desconfianza, antes fue esforzado en fe, dando gloria a Dios, Plenamente convencido de que todo lo que había prometido, era también poderoso para hacerlo." Rom. 4:20-21.

Al principio hicimos la pregunta: ¿Cómo se manifiesta la justicia de Dios? La Biblia nos dice que la justicia de Dios es ahora manifestada sin la ley, por la fe de Jesús. Esto no quiere decir como expresamos al principio que la ley de los diez mandamientos, la ley moral fue abolida, pues las mismas Escrituras declaran que: "...por la ley es el conocimiento del pecado" (Rom. 3:20). Esto quiere decir que si no hay ley, no hay pecado, por eso el apóstol Pablo declara: "¿Luego deshacemos la ley por la fe? En ninguna manera, antes establecemos la ley." Rom. 3: 31.

RELACIÓN ENTRE LA FE Y LA LEY

En el último libro de la Biblia, el apóstol Juan declara por inspiración divina: "Aquí está la paciencia de los santos, aquí están los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús." Apoc. 14:12. La Biblia dice que los que guardan los mandamientos de Dios, guardan la fe de Jesús. La Biblia siempre relaciona el guardar de la ley de Dios con la fe de Jesús, pues es imposible guardar la ley o ser justificados por Dios, aparte de la fe de Jesucristo. Esta relación se puede explicar de la siguiente manera: No podemos guardar la ley de Dios, para guardar la fe, tenemos que tener la fe (de Jesús) para guardar la ley de Dios. En otras palabras, no podemos ser buenos para ser salvos, tenemos que ser salvos en Cristo Jesús para poder ser buenos.

El pecado nos incapacitó para guardar la ley de Dios, pero el hecho de que estemos bajo la Gracia, nos capacita de nuevo para guardarla, no con nuestro poder, sino con el de Cristo. El estar bajo la Gracia no quiere decir que la ley no existe, o que no se debe de guardar. Es precisamente todo lo contrario, el hecho de que estemos bajo la Gracia de Dios, por medio de la fe de Jesús, fundamentada en su poder, nos capacita para vencer el pecado y que este no se enseñoree de nosotros: "Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia." Rom. 6:14.

Existe una forma legalista, mecánica, carnal, de justicia humana que expresa que el hombre puede guardar u obedecer la ley de Dios. Esta forma de legalismo establece la justicia por el esfuerzo humano y no por la fe de Jesús. Esta práctica legalista de la ley siempre se manifiesta separada del amor de Cristo y de su misericordia. Pero la justiciaque ha sido manifestada sin la ley, (Rom 3:21) por la ley de la fe de Jesús, para remisión de pecados fue demostrada mediante el sacrificio de Cristo para que los hombres comprendan la manifestación, la magnitud de su amor y la inmutabilidad de su ley. La justicia de su ley es amor manifestado ahora por el Dios de la ley mediante Su Sangre. Por lo que la ley no se deshace por la fe, antes es establecida por la fe, para que nadie se justifique en sus propios dichos u obras, sino Jesucristo el justo. Por lo tanto, sólo es justificado el que es de la fe de Jesús. (Rom 3:26). Así entonces se puede obedecer la ley de Dios, por la ley de la fe de Jesús. Esto no es una obediencia legalista. Esto es obediencia por fe.

Por lo tanto, los impíos se llenarán de horror, cuando la justicia de Dios sea manifestada mediante la ley en los cielos como testigo para los que no aceptaron la manifestación de la justicia de Dios sin la ley por la fe de Jesús: "Y denunciarán los cielos su justicia, porque Dios es el juez." Salm. 50:6. "Los cielos denunciaron su justicia, y todos los pueblos vieron su gloria." Salm. 97:6. Esta manifestación será sólo para el conocimiento de la condenación, y no para manifestación del poder de la Gracia para salud (salvación), mediante la fe de Jesús, pues la rechazaron continuamente, hasta que fue declarado en los cielos:

"El que es injusto, sea injusto todavía; y el sucio, ensúciese todavía..." Apo. 22:11.

Pero los justos se llenarán de gozo, cuando la ley sea testificada en los cielos, pues cuando la ley les mostró el conocimiento del pecado, estosaceptaron la justicia de la fe, sin la ley y por medio del poder que acompaña la fe de Jesús, vencieron y obedecieron la orden de Jesús: "Si me amáis, guardad mis mandamientos." Juan 14:15. Entonces en ellos se cumplirán las siguientes palabras:

"..Y el que es justo, sea todavía justificado; y el santo sea santificado todavía." Apo. 22:11.

Así se cumplen también las Escrituras cuando en nosotros sea manifestada la Gloria de Dios (carácter) de Jesús (Rom. 8:18). Este es el continuo anhelar de las criaturas, la manifestación de lo que Dios va a hacer en esta última generación (Rom. 8:19). En esta esperanza somos salvos:

"Porque las criaturas sujetas fueron a vanidad no de grado, mas por causa del que las sujetó con esperanza, que también las mismas criaturas serán libradas de la servidumbre de corrupción en la libertad gloriosa de los hijos de Dios." Rom. 8:20-21. Porque en esta "...Esperanza somos salvos..." Rom 8:24.

Así que ahora con paciencia esperamos, pues, que el: "...Espíritu ayuda nuestra flaqueza; porque que hemos pedir como conviene, no lo sabemos; sino que el mismo Espíritu pide por nosotros con gemidos indecibles" (Rom. 8:26), para que "...los que antes conoció también predestinó...que fuesen hechos conformes a la imagen su de Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos;...a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó." Rom. 8:29, 30. "¿Pues qué diremos a esto? Si Dios por nosotros, ¿quién contra nosotros?." Rom. 8:31. Amén.

Concluimos entonces, que hay una relación entre la justicia y la fe. Que la justicia de Dios es manifestada sin la ley, por la fe de Jesús. Que la justicia de Dios, establece la ley (no la anula) por la fe y el poder de la fe, para vencer en todo tiempo, en todo lugar y en toda circunstancia, en Su Nombre. Gloria a Dios.

 


Comuníquese con nosotros: PROGRAMA LA BIBLIA, PO BOX 1214, Caguas PR 00726